En los tiempos que vivimos, en los que la economía está en sus horas más bajas, y eso que por lo que parece aún no ha bajado del todo, son muchas las personas que tienen que hacer frente a sus numerosos gastos solicitando un préstamo bancario. Los bancos, lejos de ayudar, se aprovechan de la situación.
Aprovechar la situación
Con una economía mundial casi por los suelos, la economía personal y familiar de muchos de los habitantes del mundo pasa por sus peores momentos. Tanto es así que son muchos los que, agobiados por la situación, tienen que recurrir a un préstamo bancario para hacer frente a los pagos (hipoteca, coche, luz, gas…) que se les vienen encima. Bancos y cajas, no obstante, y a pesar de que los gobiernos tanto estatales como continentales, les han inyectado una buena suma de dinero, no se presentan precisamente como almas caritativas en salvación de sus potenciales clientes.
Intereses y comisiones
Tanto es así que los consumidores deben hacer frente a altos intereses, ya que en la mayoría de las ocasiones, el interés de los préstamos supera el poder adquisitivo de la economía particular de los usuarios. Además, no contentos sólo con eso, las entidades bancarias abusan de sus clientes ‘engordando’ los pagos con continuas comisiones. Así, no es raro que a la hora de solicitar un préstamo, el banco incluya en el contrato una comisión de apertura, así como otra de mantenimiento mientras dura la devolución del dinero, y otra comisión si al contratante se le ocurre o tiene la oportunidad de cancelar el préstamo.
El problema del aval
Sin embargo, mucho antes de que los consumidores puedan siquiera internarse en el complicado y comprometido mundo de los préstamos, deben hacer frente a otro problema que su economía no suele ser capaz de soportar, más en los tiempos que corren, que es el aval. Los bancos exigen que en caso de no poder hacer frente a las cuotas del préstamo, haya un colchón en forma de patrimonio que asegure que la entidad no vaya a perder dinero.
Foto: © 2009 Reinhold Foeger